noviembre 30, 2021

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Latinoamérica en decadencia: El desigual y fallido sistema carcelario

Las cárceles existen hace miles de años, en su momento cómo una forma de mantener controlados a divergentes, asesinos y esclavos. En los imperios de la época medieval se usaban para tener en constante vigilancia a los enemigos de los reinos, sacándoles la máxima información posible, para luego fusilarlos o ser puestos como carnada. Con el renacimiento y posteriormente la revolución industrial, se empezaron a reformar enormemente estos sistemas de encarcelamientos, y se salvaguardó la integridad de las personas, ya las cárceles eran exclusivamente para quienes habían cometido alguna injusticia que ponía en peligro o violentaba a más personas en un determinado territorio democrático. Pero si lo analizamos con miedo mirada crítica, en la actualidad las cárceles en ciertos pases de occidente se han vuelto un negocio lucrativo para muchas empresas, porque al tener acuerdos que les permitan usar a los presos para que hagan sus productos, se evitan el tramite y los gastos de contratar personas libres en sociedad.

En las constituciones de países Latinoamericanos, se enmarca que las cárceles en este siglo, abogan por reformar a las personas que han cometido algún delito ya sea de leve a medio, con el fin de potencialmente cumplir una condena especifica, logrando que estás personas cuándo salgan encuentren los mecanismos que los reintegren a la sociedad, pero lo cierto es que el ecosistema de justicia junto con una burocracia fría, vuelven al encarcelamiento inconsistente y poco funcional. Esto puede verse en los países como Ecuador, El Salvador o México, dónde todos los presos están combinados entre sí, sin una separación notable de delitos, sin aplicar los reglamentos que ayuden a estás personas a reformarse de verdad, hay algo que los sistemas judiciales deberían ver con lupa, y es que al no existir separación de delitos y programas de adoctrinamiento para la reintegración social, la mera existencia de las cárceles para las personas con delitos leves pierde total sentido, es más, al carecer de un real control y seguimiento, estás personas suelen ser reclutadas por individuos que han cometido delitos extremadamente grabes para armar organizaciones delictivas dentro de las cárceles a base del amedrentamiento tanto físico como psicológico ¿Cómo puede esto ayudar a quiénes han sido encarcelados injustamente o tienen delitos que fueron determinados sutiles? No puede, no lo hace, no ayuda para nada. Un crudo ejemplo, ocurrió en las cárceles Ecuatorianas dónde los amotinamientos y enfrentamientos entre bandas dejó un saldo de 119 asesinados, entre ellos hombres que habían cometido robo entreverados con quiénes habían asesinado.

Aquí entra una realidad, la mayoría de las personas encarceladas son personas de clase baja, o que vivían en extrema pobreza, mientras que la gente con riquezas y poder son llevadas a cárceles que parecen habitaciones bien acomodadas, son separados del resto de la población carcelaria, esto quiere decir claramente que la justicia no funciona para todos y algo va mal con hacer cumplir la ley, si alguien cometió un delito grave, ya sea violación, hurto masivo o asesinato debería caerle todo el peso de la ley, y claramente a estás personas deberían privarles de la libertad absoluta, sin importar la cantidad de dinero, poder o influencia política que tengan, pero la realidad es opuesta a eso porque al parecer los políticos que roban miles de millones de dólares y son capturados viven como reyes detrás de rejas, pero si eres un ciudadano de a pie y cometes un delito leve es muy probable que te hundas junto con personas que han cometido delitos peores, porque cómo recalco múltiples veces, hacen falta reformas de justicia regionales, que mejore los mecanismos de juzgamiento, convirtiéndolos en certeros.

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