octubre 27, 2021

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¿Por qué los sistemas de justicia no funcionan para los pobres en Latinoamérica?

No es novedad, cae en lo habitual y en las estadísticas comunes, pero la población carcelaria en países como Ecuador, Colombia o Panamá, está compuesta explícitamente de mayoría de hombres que son de escasos recursos, la gran parte de ellos con crímenes leves, cumplen condenas exorbitantes comparado con lo que realmente les tocaría en caso de que se respetasen las reglas penales, jurídicas y constitucionales de cada nación. Hay indicios contundentes que señalan que los factores que hacen que la justicia latinoamericana otorgue posibilidades a los más ricos y hunda en imposibilidades a quiénes padecen de extrema pobreza, son la desigualdad, la corrupción, la cohesión colectiva, los intereses de empresas con sesgos ideológicos, la predominancia de la iglesia en temas judiciales, la corrupción de la iglesia, una cultura de derecho que toma al tecnicismo como verdad absoluta y se olvida del derecho humano, las leyes ambientales de papel, las leyes de seguridad de papel, las leyes sindicales de papel, los encubrimientos de pruebas a favor de quiénes tienen el control de los entes financieros, urbanísticos, municipales y empresariales. Para exigir que existan reformas, hay que exponer  las fisuras de los sistemas de justicia que imperan en nuestras naciones.

Los costos altísimos que tienen que pagar las personas naturales para acceder a la defensa o a la demanda, son situaciones tan agotadoras, son tan deshumanizantes, esperar tiempo en los procesos, quedarte sin dinero por una justicia que a menudo falla, que no tiene calidad, que ahoga con tiempo muerto, hace que las esperanzas de un progreso se diluyan, incluso quiénes pueden acceder a un abogado por parte del estado, se enfrentan a un dilema de desbalance en los procesos de justicia. Si te roban, si envenenan a tus mascotas, si te echan de tu trabajo por cuestiones de intereses, si queman bosques, si encubren pruebas, alguien con escasos recursos a menudo no tendrá respuestas.

Pero se están colocando nuevas banderas, ya hay iniciativas de jóvenes que planean en el futuro reformar todos los sistemas, empezando con el judicial, el carcelario, el educativo y los que hagan falta, cuando observo el sistema judicial de mi región, no puedo evitar preguntarme que estaban pensando los gobernantes del pasado, nuestros abuelos, nuestros padres al creer que eso era funcional, y al mismo tiempo no puedo evitar pensar en que en unas décadas un joven al igual como yo hoy me hago preguntas de porque no se hicieron cambios equitativos en la justicia, se preguntará porque en el pasado tampoco se hizo algo para evitar que el cambio climático avance, mientras observa una imagen del oso polar, quizás para ese tiempo ya extinto. Los cambios no deben hacerse esperar, porque entonces las consecuencias de lo que no funciona cae sobre las siguientes generaciones, es importante que se cierren los ciclos con firmeza y verdad.

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