La lucha contra la pandemia ha sido ardua para todos los gobiernos, unos utilizando estrategias para proteger a la población, otros cediendo espacio a las corporaciones, salvando las economías por encima de las vidas humanas. Lo cierto, es que ese largo invierno oscuro muestra señales de acabar, aunque todavía muchos países lo vean lejos. Existen múltiples vacunas, creadas por distintos países, ya aprobadas y ya puesta en marcha toda la maquinaría de producción masiva, ¿El problema? Las vacunas no están siendo repartidas equitativamente en el mundo. Es una guerra de influencias, dónde las personas más afectadas, son aquellas que viven en países en vías de desarrollo, esto se debe a que pocos países están acaparando la mayor parte de las dosis, no siendo tomada como una realidad de lucha global contra un problema sanitario, llegando a ser hasta contraproducente, porque mientras se siguen vacunando personas en los países desarrollados, en los países pobres empiezan apareciendo mutaciones del mismo virus, mutaciones que a la larga podrían inutilizar la inmunidad en el mundo frente al Covid.

Todo responde a intereses nacionalistas, sabemos que desde antes de la pandemia una ola de nacionalismo empezaba a crecer en el mundo, agudizándose con el confinamiento. La irracionalidad está ganando, existen países cómo Canadá que han comprado más de 8 dosis por persona, dejando sin posibilidades a países al sur del hemisferio, de poder alejarse de la crisis sanitaria, tal y cómo ocurre en la contraparte Honduras, país dónde no han recibido ni si quiera una mínima de dosis y luchan contra el virus activamente por la altísima tasa de mortalidad que tiene en las zonas.

Las naciones existen para poder crear y distribuir riquezas, pero también para poder hacer frente a las épocas de crisis, esto debe servir de escarmiento a gobiernos que por sus sistemas corruptos, han dejado en la ruina a sus pueblos. Es necesario que los países subdesarrollados, empiecen a invertir en la ciencia, la tecnología, y en los conocimientos para su propia gente. Latinoamérica depende meramente de la mendicidad internacional, esperando que países envíen dosis a sus poblaciones, claramente insuficientes, que a la vez llegan con retrasos. La única forma de vencer al virus, es que todos en el planeta reciban la dosis de manea equitativa, así se evitaría un 60% de potenciales muertes.

Por Néstor

4 comentarios en «Brecha globalista: La injusta distribución de las vacunas contra el COVID-19 en el mundo»
  1. Uno podría avergonzarse de haber nacido en un país industrializado. Por supuesto, es injusto cuando se trata de la distribución de vacunas. Por qué, por ejemplo, China no participa en la distribución de vacunas, porque se ha comprobado que el virus proviene de allí.

    Mis saludos
    ¡Yugos!

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